martes, 17 de septiembre de 2013

Ahí nomás



Los que están “ahí nomás”, muchachos, son los 40. A siete meses menos un día, exactamente. Hace un tiempo que los veo acercarse sin prisa y sin pausa. Primero en pequeñas constataciones, como por ejemplo cuando me descubrí la primera cana.
Yo tenía 32 años y estaba en el baño del apartamento que compartíamos con mis amigas Rosina y Vero. Me acababa de bañar y estaba frente al espejo y, de repente, no recuerdo cómo, la vi, agazapada en la patilla izquierda. Agazapada y muerta de risa. Debo confesar que me desesperé un poco. Llamé a Rosina, que hacía café en la cocina, y ella, asustada por mi voz de persona desvalida de toda desvalidez, vino corriendo. “¿Qué te pasa?”, me preguntó, preocupada. Y yo se la mostré. “Una cana”, dijo, con cierta parsimonia, cuidadosa, tratando de no revolver el dedo en la llaga del escarnio que estaba sufriendo (así de dramático me sentía). Yo, al borde de la angustia, le pregunté: “¿Sólo eso vas a decir? ¿Una cana?”. Y ahí Rosina se empezó a reír, con toda razón, así que yo me reí también. Pero la cana estaba ahí. Bah, está ahí, sólo que ya no está sola, claro. Tiene un montón de hermanas tan perras como ella.
Ya sé, a los 32 uno no debería preocuparse por los 40, pero ese día  me quedé pensando en los 40 y en que ocho años pasaban volando. No les voy a decir que me deprimí ni nada de eso, pero creo que ese momento fue la primera vez en que me enfrenté cara a cara con la inexorabilidad del tiempo. Volviendo a las canas, cuando tiempo después me encontré la segunda, las bauticé Jenny y Jemimah (se lee Yemaima). Y después desistí de ponerles nombre: eran demasiadas.
Por aquel entonces, en uno de mis desayunos de sábado con mi amiga Pepi, bloguera de pro, me dijo que tenía que armarme un blog. Pepi es un poco como la Victoria Ocampo de la posmodernidad uruguaya. Siempre está aconsejando a los artistas jóvenes que hagan cosas y también, siempre que puede, los promueve y estimula a diestra y siniestra y, bueno, un día me dijo eso: armate un blog. Ella, claro, ya tenía el suyo. Yo le dije que sí, que cómo no, que me iba a armar un blog. Pero no lo armé nada. Ahí quedó la idea, en mi lista de intenciones de Año Nuevo desde el 2005.
A todo esto, Miranda, mi gata, está insoportable. Y ustedes se preguntarán qué tienen que ver mi gata, las canas y los blogs. La cosa es así: Miranda está insoportable. Maúlla todo el tiempo, por nada en particular. Y les juro que la he estado vigilando, por si le pasa algo. Pero no. Te mira y maúlla. Eso es lo que hace, además de que todo el tiempo está tratando de treparse sobre uno y, claro, llega un momento en que uno se cansa. Al final llegamos a la conclusión de que está vieja, nomás, vieja y maniática. Va a cumplir once años en cualquier momento. Ya sea que los años gato valgan por cinco o siete años humanos (hay discusiones al respecto y nadie se pone de acuerdo. Cinco, siete… Debería promediar en seis y listo), pongámosle que Miranda tiene una edad respetable (55, 66 o 77, según la cuenta que hagan), y el otro día, cuando luego de un par de semanas de poca paciencia y muchas quejas de mi parte, Martín y Emilia me dijeron que estaba igual a Miranda, yo no pensé en que Miranda está insoportable sino en que está vieja y ahí mismito me dije: Puta, voy a cumplir 40 y yo sin blog.  
Así que aquí estoy, a las apuradas. ¿De qué voy a escribir? Ni la más remota idea. Improvisaremos sobre la marcha.

3 comentarios:

  1. No es necesario apurarse! Falta un montón!
    Abrazo!

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  2. Me parece verte gesticulando cada idea, la verdad un texto inteligente, me parece que sos narrador y autor complice en la última parte... buenaso Federico.
    Eduardo

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    1. Muy buenas las tres entradas del blog, que como siempre he empezado a leer de atrás para adelante. O sea, atrás viene a ser la 3er entrada y esta viene a ser adelante. Me he divertido mucho... y eso que este es sólo el principio! Arriba!

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